Por: Javier Yoplac (Editorial)
Vivimos tiempos desconcertantes. Crecimos creyendo que el siglo XXI sería la era de la diplomacia, la consolidación de los derechos humanos y el fin de los discursos extremistas que ensangrentaron el siglo XX. Sin embargo, la historia tiene la terrible costumbre de repetir sus peores capítulos, esta vez transmitidos en alta definición y con lenguaje de redes sociales.
La reciente petición del Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, al Congreso para aprobar un colosal presupuesto bélico de 200.000 millones de dólares para una potencial guerra con Irán, ha venido acompañada de una justificación que hiela la sangre por su infantilismo: «Hace falta dinero para eliminar a los malos».
Para entender la magnitud y el peligro extremo de tener a personas con este pensamiento en el poder, no basta con escandalizarnos. Debemos diseccionar el teatro político y preguntarnos: ¿A quién va dirigido este mensaje y por qué los legisladores lo permiten?
📺 La espectacularización de la muerte: El «Síndrome de Hollywood»
No es casualidad que Pete Hegseth utilice estas palabras. Su mayor mérito antes de liderar el Pentágono no fue ser un estratega geopolítico, sino ser un presentador de televisión y amigo personal de Donald Trump.
Cuando pones a un showman al mando de las armas de destrucción masiva, la guerra se empieza a gestionar como un programa de entretenimiento. Hegseth utiliza el lenguaje de las películas de acción porque busca el soundbite (la frase corta y viral) para conectar emocionalmente con su base. Sabe que no le está hablando a académicos, le está hablando a un público víctima de un profundo condicionamiento cultural:
- El Excepcionalismo: Desde niños, a gran parte de la sociedad estadounidense se le enseña que su país es el «faro de la libertad» y el salvador del mundo. Si tú eres el «bien absoluto», cualquiera que se oponga a tus intereses es, por defecto, el «mal».
- La cultura de la ficción: Han sido educados por el cine de superhéroes y la cultura del Lejano Oeste. En esas ficciones, el mundo es blanco y negro, y los problemas complejos siempre se resuelven cuando el «chico bueno» saca un arma y acribilla al «villano».
- La cámara de eco del miedo: Llevan más de dos décadas bombardeados por cadenas de noticias extremas que alimentan el pánico a un enemigo externo. Cuando una sociedad vive con miedo, su capacidad de pensamiento crítico se apaga y abraza con fervor las soluciones más violentas y primitivas.
🏛️ El Congreso: Entre el fanatismo, la cobardía y los millones
La pregunta más aterradora es: ¿De verdad los legisladores en Washington tienen este mismo nivel intelectual? ¿Piensan como él? La respuesta es una mezcla de fanatismo, cobardía y muchísimo dinero. Frente a este pedido de 200.000 millones, el Congreso se divide en tres grupos:
- Los Creyentes Radicales: Sí, hay una facción de políticos que operan intelectualmente en ese mismo nivel básico. Han consumido su propia propaganda y ven el mundo como una guerra santa. Para ellos, la diplomacia es traición.
- Los Políticos Cobardes: Legisladores que saben perfectamente que reducir a Irán a «los malos» es un absurdo peligroso, pero no se oponen. Saben que si votan en contra de «matar a los malos», la maquinaria mediática los destruirá al día siguiente acusándolos de ser «débiles frente al terrorismo» o de «odiar a su país». Por miedo a perder sus curules, agachan la cabeza.
- Los Cínicos (El Complejo Militar-Industrial): Este es el grupo más grande y peligroso. Son políticos brillantes y educados que saben que la geopolítica es compleja. Pero votarán a favor del presupuesto por puro negocio. Estados Unidos tiene la industria armamentística más grande del mundo, la cual financia las campañas de estos congresistas. Para ellos, «matar a los malos» no es justicia, es la campaña de marketing necesaria para justificar la transferencia de 200.000 millones de dólares de los impuestos de los ciudadanos a las cuentas bancarias de las fábricas de armas.
🚫 La deshumanización como cheque en blanco
Llamar a una nación entera «los malos» tiene un objetivo muy oscuro, anular el debate moral. Deshumanizar al adversario es el truco más viejo del populismo. Si convences a la población de que el otro es el «mal absoluto», entonces cualquier atrocidad que le hagas —bombardeos a ciudades, bloqueos que matan de hambre a civiles, torturas— queda mágicamente justificada como un «daño colateral necesario».
La historia nos grita una lección que hemos olvidado: las peores tragedias de la humanidad no fueron cometidas por personas que se creían villanos. Los nazis, los líderes del genocidio en Ruanda o los Inquisidores compartían exactamente la misma convicción que el actual Secretario de Defensa de EE. UU.: estaban absolutamente seguros de que ellos eran «los buenos» eliminando a «los malos».
¿Qué le depara a Irán? El apocalipsis detrás de la cifra
Pero, ¿qué significa realmente descargar 200.000 millones de dólares en poder de fuego sobre Irán? Detrás del discurso esterilizado de «eliminar a los malos», lo que le depara a la nación persa es un apocalipsis terrenal. Un presupuesto de esa magnitud no está diseñado para ataques quirúrgicos, está diseñado para doblegar y aniquilar la infraestructura de un país de casi 90 millones de habitantes.
Significa la destrucción sistemática de hospitales, plantas de energía, represas y carreteras. Significa que millones de civiles inocentes —niños, mujeres, estudiantes y ancianos que nada tienen que ver con las decisiones de su régimen— quedarán atrapados bajo los escombros, o condenados al hambre, las enfermedades y el desplazamiento forzado, desatando una crisis de refugiados sin precedentes.
Además, la amnesia de Occidente insiste en ignorar los resultados de sus propios experimentos recientes. Al arrasar un país entero bajo la excusa de erradicar el mal, Estados Unidos no logrará la paz, sino que convertirá a Irán y a toda la región en un gigantesco cráter de inestabilidad y vacío de poder. Estarán sembrando el resentimiento generacional más profundo imaginable. La ironía letal de esta estrategia es que, al bombardear a una nación para «matar a los malos», terminarán creando las condiciones perfectas (pobreza, orfandad y odio) para engendrar a miles de nuevos extremistas en el futuro.
⚖️ Reflexión final
El verdadero peligro de nuestro tiempo no es solo que haya un presentador de televisión con un discurso infantil en el poder. El peligro real es la simbiosis perfecta entre un público manipulado por el miedo, un vocero carismático que les vende narrativas de cómic, y un Congreso lleno de políticos cínicos dispuestos a usar esa narrativa para hacer caja con la industria de la guerra.
Mientras el ciudadano promedio se queda debatiendo sobre «buenos y malos» en las redes sociales, en Washington se reparten miles de millones a puertas cerradas y en Medio Oriente se preparan para enterrar a sus muertos. No necesitamos showmen que jueguen a la guerra con la sangre ajena. Porque cuando luchas contra monstruos creyéndote un superhéroe infalible, corres el mayor de los riesgos, convertirte en el monstruo que juraste destruir.
👇 El debate está abierto. ¿Crees que la sociedad actual ha perdido la capacidad de ver los matices y se deja manipular por discursos de película? ¿Qué consecuencias crees que traerá este presupuesto para el mundo? Déjanos tu opinión en los comentarios.
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