Por: Javier Yoplac (Editorial)
Pocas veces en la historia política peruana se ha visto un caso de autoflagelación tan preciso como el de Acción Popular. Lo que acaba de consumar el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), al anular sus elecciones internas y dejarlos fuera de la carrera general, no es un homicidio institucional; es un suicidio asistido por la propia mano de sus dirigentes.
La ironía es sangrienta. La debacle de la facción de Julio Chávez y los seguidores de Alfredo Barnechea no es fruto del azar, sino consecuencia directa de una arquitectura legal que ellos mismos diseñaron.
Fue la bancada de Acción Popular la que, con un entusiasmo miope, votó en el Congreso para desmantelar las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias). Su objetivo era evitar que la ciudadanía metiera las narices en sus decisiones internas y devolver el poder a las cúpulas mediante el sistema de delegados. Querían oscuridad para maniobrar, y en esa oscuridad se mataron entre ellos. Si hubieran mantenido las PASO, bajo la lupa del organismo electoral, hoy tendrían candidatos; pero prefirieron el control de la «cocina» política y terminaron incendiando la casa.
El símbolo es devastador: el partido que nació con una lampa para construir el Perú, ha terminado usándola exclusivamente para cavar su propia tumba.
Hace años que el legado de Fernando Belaunde Terry se había diluido entre «Niños», «Mochasueldos» y aventureros que vieron en el partido un vientre de alquiler con historia. Pero la jornada de hoy marca el punto de no retorno. La anarquía interna, alimentada por odios irreconciliables, ha logrado lo que ningún adversario pudo: borrar la lampa de la cédula presidencial y parlamentaria.
Y como corolario de esta podredumbre institucional, hemos visto la cara más amarga de la derrota. Lejos de la hidalguía que caracterizaba al fundador del partido, Alfredo Barnechea ha protagonizado una escena final lamentable. Tras quedar fuera de juego por la propia incompetencia de su organización, lanzó una amenaza al Pleno del JNE con una frase propia de capataces y no de demócratas:
“No saben con quién se están enfrentando. Los vamos a perseguir en todas las instancias”.
Esa actitud infeliz, esa arrogancia de creerse por encima de la ley y de las instituciones, es la pincelada final que retrata la decadencia de la agrupación. No aceptan que su fracaso es interno; prefieren amenazar al árbitro.
Es cierto que una disposición transitoria del Congreso —otro salvavidas legal que se lanzaron a sí mismos— evitará que pierdan la inscripción hasta 2027. Pero que nadie se confunda: eso no es vida, es respiración artificial. Pero un partido que no disputa el poder, que diseña sus propias trampas y que amenaza a la autoridad electoral, es un zombi político.
Acción Popular quiso jugar con las reglas, cambiarlas a su antojo y cerrar el círculo de poder. Al final, la trampa se cerró sobre sus propios tobillos. Enterraron la lampa, y con ella, su futuro.
Leer más:
Para compartir este artículo, acompaña estos hashtag: #AcciónPopular #JNE #Elecciones2026 #CrisisPolítica #JavierYoplac #PolíticaPeruana #Perú #LaLampa #EleccionesInternas #NoticiasPerú


