LIMA – En medio de la tormenta geopolítica que sacude a la región, la Iglesia peruana ha alzado la voz. Durante la misa dominical en la Catedral de Lima, el Cardenal Carlos Castillo lanzó una contundente exhortación ante la crisis en Venezuela, exigiendo que la reconstrucción del país caribeño no se convierta en un botín para potencias extranjeras o intereses económicos individuales.
La postura de Castillo surge en un momento crítico, marcado por la detención de Nicolás Maduro y la declaración del expresidente estadounidense Donald Trump sobre asumir el liderazgo de la gobernabilidad y el manejo del crudo venezolano. Sin mencionarlo directamente, el Cardenal fue enfático: la prioridad debe ser el pueblo, no el petróleo.
Un llamado contra la ambición externa
«Recemos porque las soluciones sean en favor de Venezuela y no de intereses particulares», sentenció el primado de la Iglesia peruana. Castillo subrayó que cualquier salida a la crisis debe priorizar la soberanía y el Estado de Derecho, evitando que la urgencia política sirva de pretexto para el saqueo de recursos o la imposición de agendas foráneas.
Haciendo eco de las palabras del Papa, el Arzobispo recalcó que debe prevalecer «la justicia y la paz» por encima de cualquier otra consideración geopolítica. «Se debe garantizar la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la constitución y respetando los derechos humanos y civiles de todos», puntualizó desde el púlpito.
Deuda histórica y solidaridad
El Cardenal también apeló a la memoria histórica del Perú, recordando que la hermandad entre ambas naciones es profunda y recíproca. En un mensaje cargado de humanidad, instó a los peruanos a no dar la espalda a quienes hoy huyen de la tragedia.
«Dios bendiga al pueblo venezolano y al pueblo peruano como hermanos. Seamos solidarios con ellos porque ellos también lo fueron con nosotros cuando estábamos en situación calamitosa y nuestra gente se iba para allá», remarcó Castillo, cerrando su intervención con un llamado a la concordia y a la protección de los más vulnerables, quienes son los que terminan pagando el precio de las pugnas de poder.
Con este pronunciamiento, la Iglesia católica se posiciona firmemente contra cualquier intento de «colonialismo económico» en Venezuela, demandando una transición que devuelva la dignidad a sus ciudadanos antes que la rentabilidad a los mercados internacionales.
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