El cine documental no solo registra la realidad; a veces, tiene la urgencia de rescatarla antes de que el silencio la devore. Bajo esa premisa, el reconocido cineasta Javier Corcuera estrenó ayer, jueves 8 de enero, su más reciente largometraje: «Uyariy». El título, una palabra quechua que nos interpela con el mandato de escuchar, es una invitación a mirar de frente las heridas abiertas de las protestas sociales del 2022 y 2023.
Tras un exitoso paso por el Festival de Cine de Lima y un estreno mundial cargado de simbolismo en Juliaca en agosto de 2025, la cinta llega finalmente a la cartelera comercial en un momento crítico. El estreno coincide con la víspera del tercer aniversario de la masacre de Juliaca (9 de enero), fecha que en 2023 cobró la vida de 18 peruanos.
Un puente entre siglos
Para Corcuera, «Uyariy» no es solo un registro de la coyuntura reciente. Es un diálogo con la historia de un sur que se siente asediado desde hace décadas. “La gente piensa que el pueblo se va a olvidar, pero el pueblo recuerda”, señala el director. La película rastrea los hilos que unen las matanzas de hoy con la rebelión de Huancho Lima en 1923, encontrando a descendientes de aquellas luchas por la educación indígena que aún mantienen viva la memoria oral.
Esta profundidad histórica se entrelaza con una propuesta estética impecable. La música de Edith Ramos y la fotografía de Mariano Agudo no son adornos; son el lenguaje de la emoción. “La música se metió en la película porque estaba en la realidad: en las marchas, en los cementerios, en las casas de los familiares”, explica Corcuera. El resultado es una «película cantada» que documenta la dignidad de quienes, a pesar de la adversidad, no cesan en su búsqueda de justicia.
Cine contra la censura
El estreno se produce en un escenario político complejo. Con el reciente archivo en el Congreso de la denuncia constitucional contra Dina Boluarte por las muertes en el sur, «Uyariy» se erige como un contrapeso necesario. Para el director, el cine documental asume hoy una «responsabilidad social» frente a la expansión de relatos negacionistas y la falta de espacios para el cine de autor en la televisión pública.
“Hay censura, el relato de la ultraderecha se expande y vemos que pueden matar a 50 personas y no pasa nada. Nosotros, como artistas, dejamos constancia para que no se silencien estas denuncias”, afirma Corcuera con la convicción de quien ha dedicado su vida a poner la cámara donde otros prefieren no mirar.
Memoria que perdura
A pesar de las trabas en la distribución y el escaso apoyo estatal, Corcuera se mantiene optimista sobre el cine documental peruano, calificando el momento actual como uno de alta calidad técnica y creativa. Su consejo para las nuevas generaciones de cineastas es claro: hacer cine con lo que se tenga a mano, porque la fuerza de una historia necesaria siempre encontrará su camino.
«Uyariy» es, en esencia, un depósito de «hierro, plata y oro espiritual», como diría Basadre, pero también un grito de advertencia. Es la prueba de que, mientras exista una pantalla encendida, la esperanza de los familiares de las víctimas seguirá teniendo una voz que exige ser escuchada.
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