Durante décadas, el sello «Made in China» estuvo asociado exclusivamente a productos de bajo costo o marcas locales emergentes. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente. Hoy, si usted conduce un Volvo de lujo, un Tesla de última generación o un SUV de Ford, es muy probable que su vehículo haya sido ensamblado en las modernas plantas de Shanghái, Chengdu o Wuhan.
El origen de la tendencia: De la necesidad a la estrategia
La incursión de las marcas occidentales en China no es nueva, pero su naturaleza ha evolucionado. Todo comenzó en la década de los 80, específicamente en 1984, cuando Volkswagen firmó el primer gran acuerdo con SAIC para producir el Santana. En aquel entonces, China exigía que cualquier marca extranjera se asociara con una local en un Joint Venture (empresa conjunta) al 50%, con el fin de transferir tecnología al país.
Lo que empezó como una estrategia para acceder al mercado interno más grande del mundo se ha convertido hoy en un centro de exportación global. La eficiencia logística, el dominio en la fabricación de baterías para autos eléctricos y los menores costos de producción han convencido a las juntas directivas de Detroit, Stuttgart y Gotemburgo de que China es la «fábrica del mundo» también para los motores.
Norteamérica en suelo chino: El caso de GM, Ford y Tesla
Estados Unidos tiene una presencia masiva en China, destacando casos donde el mercado asiático es incluso más relevante que el doméstico.
- Tesla: La Gigafactory Shanghai se ha convertido en el corazón operativo de Elon Musk. Allí se producen el Model 3 y el Model Y, no solo para el mercado chino, sino como centro neurálgico de exportación hacia Europa y la región de Asia-Pacífico.
- General Motors (Buick y Cadillac): Buick es una marca de culto en China. A través de la alianza SAIC-GM, se fabrica el Envision (que se exporta a EE. UU.), además de los modelos Envista, GL8, LaCrosse, Regal y la línea eléctrica Electra (E4, E5). Por su parte, Cadillac produce allí los CT4, CT5, CT6, XT4, XT5, XT6 y el nuevo eléctrico Lyriq.
- Ford y Lincoln: Mediante su alianza con Changan, Ford produce el Territory (un éxito de ventas en Latinoamérica), el Equator, Mondeo, Explorer y el Evos. Lincoln, su división de lujo, fabrica en suelo chino el Nautilus (para exportación global), el Corsair, Aviator y el exclusivo sedán Lincoln Z.
Europa: El bastión del lujo se traslada al Este
Las marcas europeas han sido las más agresivas en integrar a China en su cadena de valor, especialmente en el segmento premium.
- Volvo y Polestar: Propiedad del grupo chino Geely, Volvo fabrica su buque de insignia, el S90, exclusivamente en China para todo el mundo. También produce allí los XC60, XC40 y los nuevos eléctricos EX30 y EM90. Polestar, marca de alto rendimiento, fabrica el Polestar 2, 3 y 4 en plantas chinas.
- BMW y Mercedes-Benz: BMW, con su socio Brilliance, produce el iX3 (eléctrico exportado globalmente), además de las series 3 y 5, y los SUV X1, X3 y X5 Li. Mercedes-Benz fabrica las clases C, E, GLC, GLA, GLB y sus variantes eléctricas EQE y EQA junto a BAIC.
- Grupo Volkswagen y Audi: Mantienen una red masiva con SAIC y FAW. Producen toda la familia eléctrica ID (ID.3, ID.4, ID.6) y modelos como el Lavida y Teramont. Audi fabrica versiones «L» (largas) de los modelos A4, A6, Q2 y Q5, además del nuevo Q6.
- Stellantis y Lotus: El Citroën C5 X se fabrica exclusivamente en China para el mercado global. En cuanto a Lotus, ahora bajo el mando de Geely, ha trasladado la producción de sus modelos eléctricos de alto desempeño, el Eletre y el Emeya, a la planta de Wuhan.
- Smart: La marca de compactos ahora es un joint venture entre Mercedes y Geely, produciendo los modelos #1, #3 y #5 en territorio chino.
El futuro: La batería como factor decisivo
El gran motor de este cambio es la electrificación. China controla cerca del 70% de la producción mundial de baterías. Para las marcas europeas y americanas, fabricar donde se producen las celdas de energía no es solo más barato, sino logísticamente más lógico.
El «Made in China» ha dejado de ser una etiqueta de origen para convertirse en una norma de la industria transnacional. La próxima vez que vea un auto de lujo alemán o un robusto SUV americano, recuerde que su ADN puede ser occidental, pero su lugar de nacimiento está en el Lejano Oriente.
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