Dicen que el amor es ciego, pero nadie advierte que también puede dejarnos sin sentido común… y sin una cuenta bancaria millonaria. El caso de Lawrence Campbell, un canadiense que pasó de la euforia de la lotería al abismo de la traición, es el recordatorio más crudo de cómo la ecuanimidad —esa capacidad de decidir con la cabeza fría— suele saltar por la ventana cuando el corazón toma el volante.
Un error de cálculo dictado por el afecto
La historia comienza con un golpe de suerte envidiable: Campbell ganó más de 5 millones de dólares canadienses (unos 3 millones de euros). Sin embargo, un obstáculo logístico puso a prueba su criterio: no tenía su identificación oficial a mano para reclamar el premio. En un momento de lucidez financiera, cualquiera habría esperado a tramitar el documento; pero Lawrence, bajo los efectos de ese optimismo que solo otorga el enamoramiento, decidió depositar su destino en manos de Krystal McKay, la mujer que él consideraba el gran amor de su vida.
Bajo la premisa de que «lo mío es tuyo», Campbell le entregó el boleto ganador para que ella hiciera el trámite. Aquí es donde la ecuanimidad desapareció. En lugar de blindar su patrimonio, Lawrence actuó desde la vulnerabilidad absoluta, asumiendo que el compromiso sentimental era garantía suficiente frente a una cifra que cambia la vida de cualquiera.
El despertar de la «ceguera» emocional
El desenlace fue un balde de agua fría que no tardó en llegar. Una vez que el dinero aterrizó en la cuenta de McKay, la narrativa de amor eterno se esfumó. La mujer no solo cortó todo contacto y lo bloqueó en redes sociales, sino que, en un giro digno de un guion de suspenso, solicitó una orden de restricción contra el hombre que le había entregado su fortuna.
Campbell, ahora con la visión despejada por la necesidad, ha llevado el caso ante el Tribunal de Manitoba. No solo demanda a su expareja, sino también a la organización de lotería (WCLC) y a Manitoba Liquor and Lotteries, alegando negligencia. Según él, el sistema permitió que ella cobrara el dinero sin verificar la procedencia real del boleto.
La defensa y el debate: ¿Amor o estrategia?
Por su parte, McKay se defiende con frialdad a través de sus abogados, argumentando que la relación ya estaba herida de muerte antes del premio y que el dinero sería para «cuidar a su familia».
Este caso ha encendido el debate en Canadá y en medio mundo. ¿Fue Campbell un hombre excesivamente generoso o simplemente alguien que perdió la capacidad de juzgar la realidad debido a su apego emocional?
La lección que deja este amargo episodio es clara, aunque difícil de aplicar: por más fuerte que sea el sentimiento, la ecuanimidad no debería negociarse.
Al final del día, Lawrence Campbell se quedó sin el amor de su vida y sin los millones, aprendiendo de la forma más costosa que, en los negocios y en el azar, confiar con los ojos cerrados suele ser el primer paso hacia el desastre.
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