GINEBRA / WASHINGTON. – La captura y extracción de Nicolás Maduro por parte de fuerzas militares de Estados Unidos ha desatado una tormenta diplomática sin precedentes que pone en tela de juicio los pilares del orden mundial. Lo que para la Casa Blanca es una «misión de liberación y justicia», para las Naciones Unidas y gran parte de la comunidad internacional representa una violación flagrante del derecho internacional y un desafío a la soberanía de las naciones.
El «precedente peligroso» de la ONU
Desde la sede de las Naciones Unidas, el secretario general António Guterres rompió el silencio con un comunicado que refleja la gravedad de la situación. Guterres calificó la operación militar estadounidense como un «precedente peligroso» que erosiona las normas de convivencia entre Estados.
«El incumplimiento de las normas internacionales en esta captura es motivo de alarma extrema», señaló el portavoz del secretario. La ONU ha hecho un llamado urgente a un «diálogo inclusivo» y ha recordado que cualquier solución a la crisis venezolana debe ocurrir dentro del marco del Estado de derecho y no mediante el uso unilateral de la fuerza por potencias extranjeras.
La defensa de Washington: «Meses de precisión y ensayos»
En contraposición, el alto mando militar de EE.UU. defendió la legitimidad de la operación bajo argumentos de seguridad hemisférica. El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor, reveló que la misión no fue un acto impulsivo, sino una ejecución maestra que requirió «meses de planificación y ensayos».
«Desplegamos más de 150 aeronaves en todo el hemisferio. Fue una extracción de precisión quirúrgica diseñada para evitar daños colaterales, pero con la contundencia necesaria para neutralizar al régimen», explicó Caine. Por su parte, el presidente Donald Trump fue tajante al afirmar que las fuerzas estadounidenses mantendrán presencia operativa para garantizar una «transición pacífica y juiciosa», advirtiendo que ya tienen lista una «segunda oleada de ataques» si hay resistencia por parte de los remanentes del chavismo.
Un mundo dividido: Soberanía vs. Liberación
El mapa geopolítico se ha redibujado instantáneamente tras el ataque. La disputa se centra en un dilema ético y legal: ¿Es válida la intervención militar para deponer a un gobernante acusado de crímenes si esto implica violar la carta de la ONU?
- El eje de la soberanía (Condena):
- En Latinoamérica, Lula da Silva (Brasil) y Gustavo Petro (Colombia) han liderado el rechazo, calificando el acto como una «agresión a la soberanía de América Latina».
- China y México se han unido a esta postura, denunciando «actos hegemónicos» que violan el artículo 2 de la Carta de la ONU, el cual prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de cualquier Estado.
- Chile, bajo el mando de Gabriel Boric, exigió respeto al multilateralismo, advirtiendo que la violencia no es la vía para resolver crisis internas.
- El eje de la libertad (Respaldo):
- Argentina (Javier Milei) y Ecuador (Daniel Noboa) han respaldado la acción estadounidense, priorizando el fin de lo que consideran una «estructura criminal» por encima de los tecnicismos diplomáticos.
- Ucrania también mostró su apoyo, vinculando la caída de Maduro con la lucha global contra las dictaduras.
La incógnita de la transición
El futuro de Venezuela es hoy un campo de batalla legal. Mientras Trump asegura que la vicepresidenta Delcy Rodríguez está dispuesta a cooperar para la reconstrucción del país —una declaración que ha sido recibida con escepticismo y sospechas de coacción—, la oposición venezolana se prepara para reclamar el vacío de poder.
La comunidad internacional observa con cautela. Si la transición se realiza bajo el mando directo de Washington, como anunció Trump, el derecho internacional podría entrar en una nueva era donde la soberanía nacional quede subordinada a las decisiones de seguridad de las grandes potencias, un escenario que, según los expertos, podría cambiar para siempre la diplomacia del siglo XXI.
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