LIMA, 14 de diciembre de 2025.- La recta final del año, lejos de ser únicamente un periodo de celebración, se ha convertido en un detonante de crisis de salud mental para un sector significativo de la ciudadanía. La combinación de factores externos —como el colapso del transporte urbano y el ruido— y presiones internas —expectativas económicas y familiares— está generando un repunte en los casos de estrés agudo y ansiedad.
Según reportes del área de salud mental del Hospital Nacional Edgardo Rebagliati, la sobrecarga de responsabilidades durante la segunda mitad de diciembre impacta directamente en la estabilidad emocional. Martha Crosby, psicoterapeuta de la institución, explica que la población se enfrenta a una «tormenta perfecta» de estímulos negativos: la obligación social de comprar regalos, la logística de las cenas y el desplazamiento en una ciudad saturada por obras y congestión.
La factura emocional y económica
Uno de los factores más estresantes es la disonancia entre la realidad económica y las expectativas de consumo. «La presión por adquirir obsequios para hijos o familiares, cuando no se cuenta con los recursos suficientes, genera sentimientos de culpa, frustración y desmotivación», señala el análisis clínico.
A esto se suma el agotamiento físico provocado por el entorno urbano. El tiempo excesivo en el tráfico y la contaminación sonora drenan la energía mental, provocando que las personas lleguen a sus hogares con irritabilidad y sin disposición para la convivencia familiar, lo que a menudo desencadena conflictos domésticos o discusiones en la vía pública.
El duelo en festividades
Más allá del estrés logístico, diciembre reactiva emociones profundas vinculadas a la pérdida. Especialistas advierten sobre el fenómeno del duelo estacional o la sensación de soledad, que afecta a quienes han perdido seres queridos o se encuentran lejos de su núcleo familiar por trabajo o migración. En estos casos, la alegría ambiental contrasta con la tristeza personal, incrementando el deseo de aislamiento.
Recomendaciones
Para mitigar estos efectos, los expertos sugieren redefinir el significado de la festividad, desvinculando el afecto del valor monetario de los objetos. Asimismo, recomiendan aprovechar los tiempos muertos de traslado para realizar «higiene mental» mediante música o lectura, evitando la rumiación de problemas durante el caos vehicular.
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